Las Santas Formas

La festividad se celebraba el 6º domingo de Pascua, o dicho de otro modo, el domingo anterior a la Ascensión, en el mes de mayo.

 

En 1597 tuvo lugar un suceso que tendría con el tiempo gran importancia para la historia de Alcalá. Un día del mes de mayo, un desconocido entregó al padre jesuita Juan Juárez, bajo secreto de confesión, veinticuatro formas eucarísticas fruto, según el penitente, del robo de una banda de moriscos en algunas iglesias. Ante la duda de si pudieran estar envenenadas, como había ocurrido en otras ocasiones, los jesuitas las guardaron en una cajita entre las reliquias del altar mayor de la iglesia de la Compañía para esperar que con el tiempo se corrompieran, y entonces destruirlas. Sin embargo, ante la sorpresa de todos, las formas no se corrompieron, por lo que fueron colocadas en un lugar más húmedo, detrás de la sacristía, para acelerar su descomposición. Transcurridos unos meses y viendo que su estado seguía siendo perfecto, en 1609, el padre Bartolomé Pérez, Provincial de la Compañía de Toledo, dispuso su ubicación en un lugar preferente del altar mayor.

 

            El 4 de junio de 1619 se presentó la solicitud para la declaración como milagro de la incorrupción de las formas, que tras los informes y consultas pertinentes fue aceptado como tal el 16 de julio por el Vicario General del Arzobispado de Toledo, y confirmado nuevamente en varias ocasiones posteriores, con motivo de diversos milagros atribuidos a su intercesión. A partir de entonces fueron veneradas como las Santas Formas, convirtiéndose en una de las más arraigadas tradiciones complutenses.

 

            El 25 de abril de 1620 se celebró una solemne procesión presidida por los reyes, para depositar las Santas Formas en la capilla del Evangelio de la iglesia de la Compañía donde quedaron expuestas, desde 1622, en una custodia de plata sobredorada, de forma octogonal y rematada por cúpula y cruz, donada por el arzobispo Spínola. El 22 de marzo de 1626 el ayuntamiento hizo voto perpetuo de acudir a la misa y procesión celebradas anualmente el día de su festividad.

 

            A finales de siglo y para dar mayor grandiosidad a su culto, se decidió la construcción de una suntuosa capilla, para lo que el vecino Colegio del Rey cedió el terreno necesario. La capilla se terminó en 1687 y desde entonces las Santas Formas quedaron expuestas a la veneración de los fieles en este lugar, hasta que en 1777 después de la expulsión de los jesuitas, fueron trasladadas a la Magistral.

 

            La fiesta se celebraba en un principio el segundo domingo después del de Resurrección, pero dado que coincidía en el mes de abril y este era un mes muy lluvioso se trasladó al domingo anterior a la fiesta de la Ascensión que era en el mes de Mayo y hacía mejor tiempo, lo que contribuía a dar mayor vistosidad a la solemne procesión que se celebraba y a la que acudían personas de todos los alrededores, llenándose la ciudad de gente como en ningún otro momento del año.

 

            Al inicio de la guerra civil, concretamente el día 22 de julio de 1936, la iglesia Magistral fue incendiada, desapareciendo en este incendio la custodia de las Santas Formas. Se cuenta que tres sacerdotes la escondieron para salvarla y que después fueron asesinados, y pese a que la custodia fue intensamente buscada al final de la guerra nunca llegó a ser encontrada, perdiéndose con ello una de las fiestas más importantes que ha tenido Alcalá a lo largo de su historia.