Una mirada a nuestra historia

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Los Santos Niños

 

        Esta situación, como en muchos otros lugares del imperio, hizo que no tardara en llegar el cristianismo a Complutum, y con él uno de los acontecimientos que más han condicionado la historia de nuestra ciudad. Muchos años han pasado, la ciudad ha entrado en un período floreciente tras una etapa temprana de decadencia, que compartió con otras ciudades del interior de la Península. Es el año 305, y la persecución contra los cristianos decretada por el emperador Diocleciano trae a Hispania al prefecto Publio Daciano para que se asegure de la ejecución del edicto. Desembarca en Barcino y va recorriendo los núcleos urbanos principales de las provincias Tarraconense y Carthaginense: Gerunda, Barcino, Tarraco, Cesaraugusta, Calagurris, Toletum, Valentia... Complutum.

        Cuenta la tradición que dos niños, Justo y Pastor, tras hacerse público que todos los cristianos debían abjurar de su fe bajo pena de muerte, se presentaron ante Daciano, instalado en la Basílica, en plena plaza del foro, proclamando que ellos eran cristianos y no renunciarían a su fe. Por tratarse de unos niños, y dado que los regalos no habían surtido efecto, Daciano decidió que bastaría azotarlos para conseguir su objetivo. Pero he aquí que no: Justo, el hermano menor, animaba a su hermano mayor a mantenerse fiel a Cristo en medio del sufrimiento. Ante su persistencia, y dado lo notorio que se había hecho el caso, tuvo que aplicar en todo su rigor el edicto. Los niños fueron llevados fuera de la ciudad, a un lugar conocido como Campo Laudable, donde fueron degollados sobre una piedra, en medio de un gran concurso de gente. Los cuerpos fueron enterrados allí mismo junto con la piedra. Era un 6 de agosto.

             El martirio de los Santos Niños marcó profundamente la historia de nuestra ciudad y está unido a ella de forma indisoluble. El Campo Laudable se convirtió en lugar preferido de enterramiento de los cristianos (numerosos en la ciudad), los conocidos como enterramientos ad santos. Hasta tal punto que al finalizar el siglo se había perdido la memoria del lugar exacto. De nuevo la tradición nos cuenta que fue San Asturio Serrano, obispo de Toletum, tras serle revelado en un sueño la ubicación de los cuerpos, vino a Complutum, los encontró junto con la piedra y mandó erigir un pequeño edificio para su culto sobre el lugar del enterramiento, precursor del que con el devenir de los siglos será Magistral y luego Catedral. Este es el inicio del obispado complutense, ya que Asturio erige una nueva diócesis con sede en Complutum y bajo la protección de los Santos Niños Justo y Pastor. Su devoción por ellos es tal que se traslada a nuestra ciudad, a las inmediaciones de la pequeña iglesia, convirtiéndose en el primer obispo complutense, aunque sin abandonar la sede toledana. Estamos ya a principios del siglo V, los pueblos germánicos han comenzado su entrada en Hispania, en primer lugar suevos, vándalos y alanos. Es una época turbulenta, de creciente vacío de poder, y de continuas batallas entre visigodos, aliados (“federados”) con el moribundo imperio, y el resto de pueblos germánicos en la Península. Antes de que termine el siglo Roma será saqueada y finalmente su emperador depuesto, dándose por finalizado el Imperio Romano de Occidente. El obispo se convierte en punto de referencia, la única autoridad en un mundo que parece tambalearse, y en su entorno empieza a concentrarse la vida económica y política, además de la religiosa. La ciudad de Complutum va a trasladarse desde su anterior ubicación en la confluencia del Henares y el Camarmilla a la zona del Campo Laudable, donde está la sede episcopal. La vieja ciudad será abandonada progresivamente a lo largo del siglo, y aunque las avenidas del río los irán cubriendo, muchos de sus restos serán todavía visibles en siglos posteriores. Así, Justo y Pastor no sólo están en el corazón de la vida religiosa de los cristianos complutenses, sino que son el motivo del traslado de toda la ciudad al lugar que ya no abandonará desde entonces.