Una mirada a nuestra historia

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La ciudad romana

           

        La batalla llegará hacia el final del siglo III a.C., tras las campañas expansionistas dirigidas por los Bárquidas. Esta 2ª Guerra Púnica terminará como la primera, con la derrota de Cartago y nuevos territorios bajo el control de Roma, en este caso Hispania. En unos pocos años la ciudad del Viso pasó de ser dominio cartaginés a ser dominio romano... nominalmente. No debieron afectar demasiado a la vida cotidiana de nuestros antepasados las luchas entre los poderosos. ¿Tal vez el paso de los ejércitos cartagineses hacia el Ebro?

       El dominio efectivo de Roma no ocurrirá hasta el primer cuarto del siglo I a.C. En el transcurso de la guerra entre las tropas de Sila, erigido en dictador romano, y sus opositores liderados por Sertorio, la ciudad del Viso será tomada por los primeros. Comenzará entonces el proceso de romanización para sus habitantes: el uso de la toga, el latín y las costumbres romanas como la de acudir a los baños públicos. El viejo castro celtíbero tendrá que albergar en su seno los edificios nuevos que la nueva forma de vida y de gobierno requería. Hasta el nombre de la ciudad se latinizará y pasará a denominarse Complutum.

Con el cambio de era, la Pax Romana y las nuevas ideas imperiales, por las que toda ciudad romana debía ser como una imagen de la propia Roma, la vieja ciudad de Complutum va a quedarse pequeña. El urbanismo viejo no responde a las nuevas necesidades, y nuestros antepasados deciden construir una ciudad de nueva planta. Lo harán sin embargo en la vega del río, a los pies del cerro del Viso, en la confluencia del Henares y el arroyo Camarmilla (al suroeste de su ubicación actual), pues la situación política ya no hace tan necesaria una posición defensiva. La construcción y el traslado se realizarán gradualmente a lo largo del siglo I de nuestra era.

Con sus calles rectas, su muralla, su foro con los edificios administrativos, los templos y las termas, sus comercios y talleres... toda una pequeña Roma en el interior de la Península. Porque Complutum no fue una ciudad más, sino un hito importante en la vía Augusta, que unía Emérita Augusta (Mérida) y Cesaraugusta (Zaragoza), para continuar después a Barcino (Barcelona) y Tarraco (Tarragona). Constituía en realidad una encrucijada, ya que aquí se encontraba esta vía con otra ruta que, procedente de Astorga pasaba por Cauca, Complutum y Segobriga, llegando hasta Castulo, para enlazar después con la vía de comunicación entre las ciudades del Levante. Nuevos horizontes se abren ante los ojos de los complutenses de aquellos tiempos. Después de siglos de aislamiento, en los que los contactos con otras gentes serían esporádicos, a menudo comerciantes casi aventureros procedentes de los grandes núcleos mediterráneos, el imperio trae consigo no sólo una cultura más avanzada sino una red de comunicaciones buena y eficaz, que fomenta el trasiego de mercancías, así como el paso y el establecimiento de gentes de diversa procedencia. Gracias a Roma nuestra ciudad se convierte en un importante punto de encuentro en el centro de la Península, como atestiguan sus mosaicos y sus lápidas funerarias.