Una mirada a nuestra historia

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Las nuevas gentes del norte

     

        Enarbolada la bandera de la guerra en su capital de Tolosa (sur de Francia), los visigodos fueron paulatinamente sometiendo, expulsando o reduciendo los territorios bajo control del resto de pueblos germánicos en la Península. Tiempos sangrientos, de batallas por un lado y regicidios por otro. En liza también con los francos, finalmente serán derrotados por estos a principios del siglo VI, teniendo que replegarse en Hispania. Toledo será finalmente la ciudad elegida como capital del nuevo reino visigodo. Sin embargo, Hispania seguirá estando en el pensamiento de otros pueblos de la agitada Europa de estos tiempos. Aunque el imperio romano de occidente ha desaparecido, el imperio de oriente no olvida las ricas tierras de la Península. El viento del este traerá todavía durante un tiempo velas extrañas a nuestras costas, y las luchas contra los bizantinos en el sur se sumarán a las sublevaciones internas...

            ¿Pero quiénes son estas gentes? Un pueblo venido del norte agreste, de origen germánico, más acostumbrado al caballo y a la espada que a los libros, la cítara o el laúd. Otra lengua, otras costumbres, otra forma de entender la vida... A su llegada no eran demasiados, aunque su espíritu guerrero y su alianza con Roma los convirtió en la élite político-militar. Tal vez por esa escasez numérica y por sus costumbres tan diferentes, asumieron lo que encontraron (apenas construyeron ciudades nuevas; Recópolis, en Guadalajara, es una excepción), y acabaron mezclándose de tal modo que ya no hablaremos de población hispano-romana, sino hispano-visigoda. De la bruma de aquellos tiempos nos han quedado palabras, nombres de personas y lugares, una lista interminable de reyes... y también joyas, armas, códices, edificios... ¿Y en nuestra ciudad? El pasado visigodo de Complutum nos ha legado fundamentalmente necrópolis y los ajuares funerarios acompañantes. La más grande de la zona, sin embargo, está en

Daganzo de Arriba, correspondiente a una importante guarnición militar. Y es que nuestra ciudad y las tierras circundantes seguirán siendo un importante cruce de caminos, si bien los viajeros, comerciantes y personalidades de muy diversa procedencia dentro del imperio han desaparecido casi de los caminos, dejando paso más bien a tropas y algún que otro refugiado de zonas en litigio. La actividad económica decae, y Complutum se repliega sobre sí misma. Aún así, el solar complutense está lo suficientemente poblado como para ser más cómodo controlar militarmente el cruce de caminos manteniendo las tropas a una distancia de la urbe, pero en un lugar situado sobre la ruta que viene de la sierra, muy utilizada por los visigodos: Daganzo.

            Escasas noticias nos han llegado de aquellos tiempos que escapen al calificativo de “legendarias”: escasos documentos y escasa evidencia arqueológica. La iglesia católica, tolerada cuando más por el arrianismo visigodo, revive tras la conversión de Recaredo a finales del siglo VI, retomando el pulso de los concilios de Toledo, que se harán más frecuentes. Sus actas nos desvelan los nombres de los sucesivos obispos complutenses, todos ellos asiduos participantes en estos encuentros. La estrecha unión entre los prelados hispanos, tanto en la clandestinidad como en la oficialidad, contribuyó a la difusión del culto a los Santos Niños. Así, hacia mediados del siglo VII, San Fructuoso del Bierzo, pariente del rey y futuro obispo de Braga, fundará el Monasterio de Compludo (en el municipio de Salas de los Barrios, León), dedicado a ellos. A partir de este lugar el culto a los Santos Justo y Pastor se extenderá por toda la esquina noroccidental de la Península. En cuanto a la evidencia arqueológica, restos conocidos hay pocos aparte de las necrópolis, que han aparecido en obras dentro (y también fuera) del casco antiguo de la ciudad, ya que el corazón de la ciudad medieval (Santos Niños y zona circundante) se asienta sobre la Complutum de aquellos días. Asociados a los enterramientos se han encontrado numerosos ajuares que nos dan hablan de sus gustos y su vida cotidiana.