Una mirada a nuestra historia

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Los comienzos...

Desde tiempos inmemoriales, cuando ni siquiera existía el hombre moderno, el entorno de Alcalá conoció ya la presencia humana. De momento todavía de forma esporádica, siguiendo las rutas migratorias de los animales como cazadores que eran, durante buena parte de la prehistoria. Porque una de las principales características de Alcalá es su localización en la vía natural de paso que comunica dos cuencas hidrográficas importantes de la Península Ibérica, la del Tajo y la del Ebro, a través de los ríos Henares y Jalón. Diferentes pueblos históricos seguirán utilizando esta ruta en sus desplazamientos hacia el noreste, incluso en la actualidad, como atestigua el trazado de la A2.

Una vez superado el largo período de las glaciaciones, comienzan a aparecer, ya en los períodos Eneolítico y Bronce, pequeños asentamientos de gentes seminómadas, tanto en los cerros que conforman el paisaje característico de Alcalá (Ecce Homo, Viso) como en la vega del río (entorno de la Dehesa, Juncal). Unos y otros aprovecharían los recursos naturales disponibles en su entorno inmediato, dedicándose posiblemente más a la ganadería en los cerros, y más a la agricultura en la vega. Podríamos imaginar los primeros intercambios entre unas y otras comunidades, aprovechando esa incipiente especialización, por otro lado casi inexistente dentro de cada grupo... Poblados pequeños, de cabañas circulares hechas de paja y barro, agrupadas entorno a un espacio común...

Mientras fenicios y griegos frecuentan las costas mediterráneas de la Península y va pasando el tiempo, en el interior, casi desconocido y muy alejado, la evolución cultural es más lenta y retrasada. Llegarán los pueblos celtas en dos oleadas, alcanzando la meseta en la segunda. Poco a poco, ya en la Edad del Hierro, la mayoría de los pequeños poblados se van abandonando. Sólo quedará uno, que acabará acogiendo a las gentes de los alrededores, se hará más grande y tendrá muralla. Es el castro celtíbero que los romanos encontrarán muchos años después en lo alto del Viso. Aunque su nombre legendario es Iplacea, la todavía escasa evidencia arqueológica sugiere un nombre celtíbero que será el predecesor del romano Complutum: Kombouto/Kompouto. Su localización en la meseta del cerro parece favorable, pues desde allí se domina un amplio territorio, sobre todo hacia el suroeste, y las laderas permiten una mejor defensa de la ciudad. Los tiempos se prometen turbulentos. Llegan rumores desde las costas del Mediterráneo: un nuevo pueblo ha acabado por reemplazar a los fenicios tras la caída de Tiro en manos de los asirios, y su creciente presencia en la margen sur del Mediterráneo despierta los recelos de aquellos que han tomado el relevo de la hegemonía griega. Cartago y Roma no tardarán mucho en enfrentarse en la Península Ibérica.